Con motivo de las celebraciones de la Primera Comunión, el obispo ha dirigido una cercana y entrañable carta a todos los niños que este año reciben por primera vez a Jesús en la Eucaristía. En ella, comparte recuerdos personales de ese día tan especial, subrayando que es un momento que permanece para siempre en la memoria y en el corazón.
El obispo destaca que la Primera Comunión es un verdadero tesoro de recuerdos, lleno de alegría, familia y comunidad. Anima a los niños a vivirlo con intensidad, acompañados por sus seres queridos y por toda la comunidad parroquial, que se une a su alegría con cariño y cercanía.
En su mensaje, recuerda el verdadero significado de comulgar: entrar en comunión con Jesús y también con los hermanos. “No podemos ser cristianos solos”, señala, invitando a los niños a descubrir que en Jesús todos somos hermanos.
Asimismo, presenta a Jesús como el Amigo que nunca falla: cercano, vivo y siempre dispuesto a escuchar. Aunque no lo veamos, permanece con nosotros en la Eucaristía y en la oración, acompañando cada momento de nuestra vida.
La carta también invita a la solidaridad, proponiendo a los niños compartir parte de sus regalos con otros niños más necesitados, en concreto con quienes viven en barrios pobres atendidos por misioneras. De este modo, pueden vivir la comunión no solo con Jesús, sino también con otros niños del mundo.
El obispo concluye deseando a todos un feliz día de su Primera Comunión y animándolos a guardar este momento como uno de los mejores recuerdos de su vida, acompañado de su bendición.
Desde la parroquia nos unimos a esta invitación, acompañando con alegría a nuestros niños en este paso tan importante de su vida cristiana.